Retasos de realidad, escenas fragmentadas, abigarrada, aparente vida, escenarios artificiales, imposible vivir en ellos. El cerebro compone la "realidad" en la que vive con las piezas de una serie de datos sensoriales y sensaciones fragmentadas. La vida podrá ser un continuo pero la "realidad" en la que vivimos es una sucesión de fragmentos hilvanados en una cadena arbitraria, cohesionada por contratos sociales o, simplemente, por el azar.
La capacidad semiótica de nuestro cerebro le permite manipular el entorno y vivir en él, en medio de un ambiente eminentemente semiótico. La cohesión semiótica es delicada porque puede corresponder a escenarios semánticos vacíos o abigarrados, pasando por una sucesión de gradaciones en las que, habitualmente, prevalece la estabilidad.
Cotidianamente, le asignamos sentido a la sucesión de fragmentos semióticos por los que transitamos. En muchas ocasiones le buscamos el sentido y en algunas se nos impone ese sentido. La fuente del sentido asignado afecta a la estabilidad. En tanto podamos controlar el sentido asignado, la estabilidad mantendrá su equilibrio; sin embargo, ese equilibrio resultará afectado de una u otra forma cuando el sentido sea impuesto, sin ningún control, por el exterior o por nuestro propio cerebro.
Las sensaciones que provienen de conglomerados semánticos naturales, mantienen el equilibrio y la alostasis. Los conglomerados artificiales pueden alterar el equilibrio, generar ansiedad y afectar la alostasis. Un conglomerado semiótico natural es más predecible que uno artificial por lo arbitrario de sus contenidos o vacíos semánticos.
Las matemáticas suelen causar ansiedad por su contínuo vacío semántico. Las transformaciones semióticas generan ansiedad por su vacío semántico.
¿Cuál es el contenido semántico de una forma geométrica intelectiva o de una cadena algebraica? ¿Qué significado tiene un paisaje? Muchos. ¿Qué significado tiene un triángulo o una hipérbola? Ninguno; tal vez algún conjurado orden estético: la forma por la configuración de la forma. Quizá la magia pueda proveer algún contenido.
La paradoja de Duval no reside en la antinomia entre la forma y el concepto, porque la forma y el concepto son el mismo objeto, la forma es el concepto y el concepto es la forma, y se corresponden semánticamente. No hay tal paradoja, hay confusión y ansiedad provocados por el vacío semántico que ambos aspectos, la forma y el concepto matemáticos, poseen.