¿Yo?
Yo deseaba vivir ochenta años, tranquilo y con buena salud. Pero a mediados de mis cincuenta y nueve, me dió parálisis, desde el plexo solar, hasta los pies. Así que llegué a mis sesenta años, paralizado y con un "endocarcinoma de primario desconocido", en la columna, por el cual me daban de supervivencia, "dos meses o dos años con medicamentos".
Cáncer.
Cáncer de próstata, con metástasis, madre de la parálisis. 59 años y medio y paralítico, y con una hija de 11.
Qué desgracia.
Sin poder caminar ni poder mover más que los brazos y la cabeza. Y dormir y estar en cama boca arriba todo el día. Compramos una cama eléctrica que me sienta y acuesta cuando acciono el control, una bendición.
Después de la operación por fractura en la columna, producto de un accidente en auto, donde descubrieron el cáncer, decidí que iba a regresar a trabajar en silla de ruedas. Lo visualicé vívidamente y lo cumplí. Hoy acudo a dar mis clases en mi silla de ruedas.
Una de las metástasis, la del hígado, remitió, pero no la del pecho y la de la columna.
He mejorado mucho de la parálisis, ya tengo buen control de tronco, puedo ponerme de lado para dormir y realizar traslados seguros entre la silla de ruedas y la cama y otros asientos, como el del auto. Pero no puedo caminar.
Mi esposa, C, ha sido mi soporte, mi columna vertebral y prácticamente responsable de que siga vivo y bien atendido. A pesar de su cansancio.
He deseado morir, y lo he expresado casi a gritos. Por el intenso dolor, las náuseas por las quimios, el intenso extreñimiento, y porque mi antiguo deseo de morirme ya, regresó.
Mi hija me dijo, a propósito: "no me abandones papá".
Mi vida había dejado de ser "mi vida".
En medio de todo esto, una terapeuta me dijo, "lo has perdido todo", tienes que aceptarlo. ¿Todo?
¿Qué era todo?
Como dicta un precepto, yo ya había tenido una hija, hermosa e inteligente, había escrito dos libros y, como fui jardinero por más de 20 años, había plantado y cuidado muchos árboles, que hoy lucen hermosos y orgullosos. Entonces mi vida estaba realizada.
¿Qué era o significa "haber perdido todo" ?
No puedo caminar, el dolor y las molestias, y el cáncer en la columna, siguen ahí y, cuando la intensidad y las dificultades por mi situación son grandes, deseo morir ya. Pero las molestias remiten, gracias a los analgésicos y a mi cuerpo, que se especializa en persistir.
Y sanar.
Ahorita, en este preciso momento, mientras me administran la quimio y el nuevo medicamento, considero con mucha fuerza y convicción que, en una de esas, hasta me curo del cáncer. Me siento muy feliz; por cierto, éste es el ingrediente básico para aspirar a sanar de cáncer.
Decreto que todo el cáncer va a remitir y volveré a caminar. Dios así lo quiera. El nuevo medicamento está haciendo un efecto inmediato sobre mis huesos, el pecho y la espalda ya no me duelen y el ardor de cuerpo se fue. Me siento tan bien que me he animado a escribir este ya largo texto.
Veo que se ha cerrado un ciclo y que está iniciando uno nuevo.
Esto del cáncer y la parálisis han sido una experiencia muy interesante.