Es interesante darse cuenta que, la mayoría de nosotros, nos movemos sobre un mundo de señales luminosas y acústicas que transportan signos que forman parte de la cultura local y global. Lo que, en determinado momento, tenemos a la mano, son paquetes de ondas electromagnéticas o acústicas que llevan impresa: la información acerca de la posición, la relación con otros objetos, el momento lineal y/o angular, el color, la forma, la textura, el material de que están hechos, etc., de los objetos que decimos ver y escuchar. Excepto por los objetos que tenemos al alcance de la mano, de los que podemos obtener información relacionada con los sentidos del tacto, el gusto y el olfato, el resto de la información a la que tenemos acceso es óptica y sonora, es decir, haces de ondas moduladas de diversas maneras, en frecuencia, amplitud, fase, banda lateral, etcétera: nos movemos en un mundo óptico y acústico, son las dos únicas formas que tenemos de hacer contacto con los objetos que nos rodean y que están fuera del alcance de nuestros sentidos del tacto, gusto y olfato; la luz acude a tocar nuestros ojos y el sonido nuestros tímpanos. Quien ha vivido o estado en épocas y/o en lugares en donde, en algún momento del día, se posa una obscuridad profunda y absoluta, comprende estas afirmaciones. En cuanto llega la obscuridad, sin luz artificial, la única referencia para poderse mover y actuar son los objetos cercanos, a la mano, que podemos tocar, oler y escuchar.
Navegamos continuamente en un mundo de frentes de onda modulados o bajo una lluvia, de variadas intensidades, de fotones de múltiples frecuencias. Esto ocurre en todo momento. Y el cerebro opera semióticamente sobre las formas proporcionadas por esa lluvia de fotones. El hecho que deseamos destacar en este texto reside en llevarnos a reconocer que la luz y el sonido son los soportes, las estructuras con las que nuestro cerebro opera contínua y principalmente, para acceder a la información que nos interesa. Es decir, el soporte de la información es tan importante como la información misma, incluso podemos agregar que las características del soporte agregan elementos que aportan o no flexibilidad al procesamiento de la información que contienen. Esto lo saben muy bien los astrónomos y los músicos. La radiación electromagnética que llega a los telescopios trae noticia de objetos estelares que existieron hace muchos años luz, y el sonido transporta emociones.
En el aprendizaje y en el trabajo en Matemáticas y Física, ocurre una situación similar: al emprender ese proceso de aprendizaje y ese trabajo, operamos con y en una estructura que soporta la información que nos interesa, nos movemos constante y contínuamente a través de esta estructura, aunque no nos lleguemos a dar cuenta de que así está ocurriendo. Llegar a comprender que estamos operando con una estructura que contiene y soporta la información, nos permitirá, en cualquier momento, no sólo saber en qué punto estamos parados sino saber qué acciones hay que desarrollar para podernos mover y actuar más adecuadamente a través de esa estructura. No son precisamente los objetos los que, en términos holístas, resultan ser más importantes, es el todo, la estructura que soporta y contiene la información junto con la información misma porque el todo acumula más valor. La analogía con la óptica y la acústica, que dimos más arriba, nos ayuda en nuestra argumentación: no es la comunión adyacente con cada objeto que nos rodea lo que nos permite saber en dónde estamos parados y qué acciones tenemos que desarrollar para movernos y/o actuar, es la estructura lumínica o sonora de paquetes o haces de luz o sonido modulados o de la estructura de la lluvia de fotones que entra en contacto físico con nosotros, la que nos permite recuperar y operar con la información contenida y soportada por estas estructuras.
La de la luz y el sonido modulados y la de las Matemáticas y la Física, son estructuras que no son evidentes o no se perciben porque nos resultan transparentes. En todo momento, estamos fascinados con la información de los objetos que nos interesan, por razones estéticas, académicas, prácticas e incluso de supervivencia. No resulta muy importante el medio por el cual esa información llegó a nuestro cerebro, éste simplemente opera con lo que ese medio trajo hasta aquí. La importancia de ese medio resalta cuando escacea o no está ahí, cumpliendo con su función, y entonces lo echamos de menos y queremos ver cómo se le conjura. Y, si somos curiosos y cuidadosos, podremos aguzar los ojos y percibir la estructura en donde está contenida la información que tanto nos interesa y manejamos y procesamos. El conocimiento de la estructura, sobre la que reposa la información, aporta valor agregado a la adquisición y procesamiento de esa información porque nos permite adaptarnos y ajustar el proceso de transporte, recolección y procesamiento de la información. La información está ahí y podemos disponer de ella gracias a la estructura intrínseca de su soporte o contenedor.
La información que conforma una teoría física o matemática está disponible gracias a que está dada en términos de una Variable Conceptual, un Álgebra Local que facilita la representación y transformación de los valores de esa Variable Conceptual y uno o varios Generadores de Estructura que desarrollan la estructura de los valores de la Variable Conceptual. Finalmente, la teoría se escribe en términos de un conjunto de Binomios de Valor de Primer y Segundo Orden. Dado que, tradicionalmente, al escribir la teoría, se retira el andamiaje que sirvió para construirla, la estructura que la contiene y soporta queda oculta, se torna transparente a los ojos del aprendiz. Al encender la luz, ésta precisa estructura que contiene y soporta la información que necesitamos, pasa a segundo plano, se ha tornado transparente. El elemento primo de esta estructura es el Generador de Estructura que, siendo soportado por el Álgebra Local, opera directamente sobre la Forma Semiótica de los valores de la Variable Conceptual para establecer o develar su estructura. Hay que recordar que la Forma Semiótica de los valores de la Variable Conceptual subsume tablas de valores numéricos o Flujos Numéricos, es decir, las cuestiones de convergencia o de tablas de multiplicar residen, en última instancia, en estos Flujos Numéricos. La Forma Semiótica de los valores de la Variable Conceptual es otra estructura que soporta y contiene la información de los Flujos Numéricos. Esta información es más elemental, por su carácter de datos duros, y también necesita un medio de soporte que facilite el procesamiento de la información que ofrecen, ese es el papel que juegan las Formas Semióticas de la Variable Conceptual. Los Generadores de Estructura de la teoría de números, por ejemplo, subsumen, como hemos dicho, los Flujos Numéricos de números naturales. Un ejemplo concreto de esto es el Generador de Estructura conocido como congruencia.
Entonces, podemos concluir finalmente que son las estructuras que soportan y contienen la información, “la sustancia” con la que opera nuestro cerebro. Hemos observado, a través de este texto, que esta “sustancia” que contiene y soporta la información es transparente a nuestra conciencia porque nuestro interés está enfocado en la información y en el acto de procesarla. Cabe aclarar aquí que, por soporte y contenedor, no nos referimos a los dispositivos electrónicos físicos o a los libros y textos impresos. El soporte al que nos referimos es la luz y el sonido que emiten estos dispositivos. En Matemáticas y Física, es la Estructura Semiótica la que soporta y contiene la información de las teorías y es el medio que le permite al cerebro operar con esas teorías y procesar su información. Esta estructura ha sido transparente a nuestra conciencia. Ahora la hemos hecho visible.