Dos

Los hechos son reales.

Vaciamiento

Cada día sólo deseaba morirse. 

Sus ilusiones estaban consumidas. Cualquier anhelo hecho jirones. 

La escasez del agua dulce, la comida artificial, el hiperbabyboom, la anciana esperanza de vida, la destrucción de los campos; el capitalismo hasta el alma; la electrónica entrometida, secuaz de la mercadotecnia con su caleidoscopio de mentiras; los novísimos modelos de negocios y sus nuevos modelos de esclavos; los bien peinados políticos, la rampante dirección del instituto, los docentes alucinados, los estudiantes sin futuro; el exceso de tráfico, por todos lados y todos los rincones; la plaga de moteros, de todas las cilindradas, humeantes, imprudentes y agresivos; el deshielo de los polos; el amor desechable; tu cansancio de todos los días, tus años ya vividos; todo lo que has estudiado; el jardín que has cultivado, los árboles que has plantado; los versos y la prosa que escribiste…
…las canciones que cantaste.
¿Quién no desearía morirse ya? 

Tú no. 

No sabía que iba a iniciar un viacrucis. Ni le pasaba por la mente el que todo viacrucis es la más rara y delicada oportunidad para aprender a amarse a sí mismo y a los demás.
Cuando se le ofreció el cáliz y, voluntariamente, aceptó beber de él, y luego aceptó recibir la cruz a cuestas: comenzó el vaciamiento, hasta que se preguntó por qué le había abandonado Dios.
La propia vida se torna un cascarón. Hueco. Entonces, si la voluntad es propicia y uno así lo decide, la fe y la esperanza nacen. Al principio es difícil cultivarlas; sin embargo, crecen y se fortalecen cada día, entre luz y oscuridad, hasta que sus raíces son más y más profundas. 

Marco A Nava R

Físico por la UNAM Maestro en Docencia de la Física por MADEMS-UNAM

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