Cuando trajimos la herramienta de la hermenéutica analógica para dar un contexto teórico a nuestros hallazgos previos, relativos al texto físico-matemático y una recensión del mismo, pudimos entender que, cuando realizamos nuestro análisis, encontramos que habíamos elaborado un interpretamen del texto original o representamen.
Es decir, en nuestro propósito de dislocar de la lógica al texto físico-matemático, tuvimos que ver a este preciso texto simplemente como un representamen.
De acuerdo con este concepto, representamen, vemos actualmente que obtuvimos un interpretamen del que, hoy sabemos, se desprende una semántica, una sintaxis y una pragmática.
En este contexto teórico, interpretativo, percibimos cláramente la articulación de los elementos, del texto físico-matemático, que hemos hallado previamente. La semántica asociada es univaluada, por necesidad lógica: los conceptos físico-matemáticos tienen que obedecer ciegamente al principio de identidad y tener significados únicos u obtendremos una torre de fantasías. La sintaxis queda constituida por cada una de las álgebras generales o locales. Y la pragmática queda determinada tanto por el carácter de texto docens como de texto utens del texto físico-matemático.
En su carácter de texto docens, la conceptualización que hemos generado permite contar con un texto, para el aprendizaje y la enseñanza, que campea entre la metonímia y la metáfora y, en su carácter de texto utens, es el concepto de Operador de Estructura el concepto que le da sentido, unidad holística (válgase el pleonasmo, si lo hay) y proyección teórica al texto físico-matemático en general.
De modo que, al tomar a la Hermenéutica analógica como herramienta y como contexto para nuestros hallazgos previos sobre el texto físico-matemático, encontramos articulaciones conceptuales y teóricas que nos permiten reinterpretar, avanzar y afinar nuestras interpretaciones y, por tanto, nos permiten avanzar en la línea de trabajo que nos hemos planteado.